De la sonda espacial 'DART' en el asteroide Dimorphos, del cual le ha brotado una cola, el telescopio SOAR observó la roca espacial dos días después del choque de la misión de la NASA, revelando un impresionante rastro de escombros...
El mundo vio con expectación cómo la nave espacial DART (siglas de Double Asteroid Redirection Test) de la NASA se estrellaba intencionalmente el pasado lunes 26 de septiembre contra Dimorphos, la pequeña luna del sistema de dos asteroides: la primera misión de defensa planetaria fue todo un éxito. O, al menos, cumplió su objetivo de hacer diana contra un objetivo comparable a intentar alcanzar un mosquito a 70 kilómetros de distancia. Tras la proeza técnica, ahora le toca a los científicos averiguar si su objetivo principal, que era desviar Dimorphos de su órbita en torno al asteroide más grande, llamado Didymos. Y para ello, varios 'ojos' estarán pendientes durante los próximos meses para analizar la posible nueva trayectoria de la roca espacial que ha servido de 'conejillo de indias' para probar la tecnología que podría ser clave para desviar un posible objeto que se encamine directamente hacia la Tierra. Uno de esos 'ojos' es el Telescopio de Investigación Astrofísica del Sur (SOAR) de 4,1 metros, en el Observatorio Interamericano Cerro Tololo de NOIRLab de NSF en Chile. Dos días después del impacto, los astrónomos Teddy Kareta (del Observatorio Lowell) y Matthew Knight (de la Academia Naval de EE. UU.) utilizaron este instrumento para capturar la gran columna de polvo y escombros arrojada desde la superficie del asteroide. En la imagen se aprecia un impresionante rastro de polvo, la eyección que ha sido expulsada por la presión de radiación del Sol, similar a la cola de un cometa, que se extiende desde el centro hasta el borde derecho del campo de visión. Los científicos calculan que ese rastro abarca por lo menos 10.000 kilómetros desde el punto de impacto. Leer el articulo completo, clic! enlace: ABC.es / Ciencia |








