Y lo deja claro: tenemos una 'bomba de relojeria' entre manos, de cara al otoño. El mediterráneo llega a junio con temperaturas anómalas y una ola de calor marina adelantada. Este exceso térmico no predice por sí solo lluvias extremas, torrenciales o 'danas' en otoño, pero si aumenta muchísimo el riesgo..
| El Mediterráneo occidental ha entrado en junio con una señal térmica poco habitual. Hablamos, en concreto, de una ola de calor marina adelantada, con anomalías superficiales que en algunos puntos superan los 5 grados. Los datos disponibles desde 1982 muestran una tendencia sostenida de calentamiento que preocupa especialmente de cara al otoño. La imagen que dejan estas mediciones europeas no apunta por sí sola a una catástrofe inmediata, pero sí describe un escenario delicado. Un mar demasiado cálido actúa como una gran reserva de energía y humedad, capaz de alimentar episodios de lluvia extrema si la atmósfera coloca sobre la zona el ingrediente que falta. Ese matiz es clave para entender el riesgo. La temperatura del mar no permite anticipar cuánta lluvia caerá dentro de varios meses ni confirma que vaya a producirse una DANA. Lo que sí indica es el posible techo de intensidad que podrían alcanzar las precipitaciones si aparece una bolsa de aire frío en altura. Lo llamativo no es únicamente que el mar Mediterráneo esté caliente, sino que esta situación se haya consolidado desde mayo, mucho antes del periodo en el que suele registrarse el máximo térmico, situado en agosto. Esa anomalía temprana convierte el arranque del verano en una señal de vigilancia para meteorólogos y climatólogos. |








