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miércoles, 7 de octubre de 2026

FÍSICA / 'ICECUBE LAB' SITUADO EN EL POLO SUR

El detector de 'neutrinos' subterráneo situado en la Ántartida dirigido por el reciente Premio Nobel de Física 2026. Su construcción empezó en 2005 y finalizo en 2010, curiosamente, dio a la ciencia sus primeros hallazgos antes de que terminase de edificarse...

IceCube Lab
observa el universo desde uno de los lugares menos intuitivos para instalar un telescopio: las profundidades del hielo del Polo Sur. El observatorio de neutrinos, cuyo investigador principal es Francis Halzen, ganador del Premio Nobel de Física 2026, no utiliza espejos ni lentes para estudiar el cosmos. Su objetivo son unas partículas extremadamente difíciles de detectar que atraviesan estrellas, planetas y enormes distancias prácticamente sin alterar su trayectoria: los neutrinos de alta energía.

La parte esencial del telescopio está enterrada bajo la Antártida. IceCube cuenta con 5.160 módulos ópticos digitales instalados en 86 cables verticales y distribuidos dentro de aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo. Los sensores se encuentran a profundidades de entre 1.450 y 2.450 metros, donde la oscuridad y las características del hielo permiten registrar señales luminosas extremadamente débiles. Su construcción comenzó con el despliegue de la primera línea de detectores en 2005 y finalizó el 18 de diciembre de 2010.

Su ubicación responde precisamente a la dificultad de localizar estas partículas. Los neutrinos carecen de carga eléctrica y apenas interaccionan con la materia, por lo que pueden recorrer el universo casi a la velocidad de la luz sin desviarse por los campos magnéticos. Esa propiedad complica su detección, pero también los convierte en mensajeros privilegiados de algunos de los procesos cósmicos más energéticos. IceCube utiliza el propio hielo antártico como parte de su detector para identificar las escasas ocasiones en las que una de estas partículas colisiona con la materia.

Cuando un neutrino de suficiente energía interactúa con un átomo del hielo, puede generar partículas cargadas secundarias, entre ellas muones. Si estas se desplazan por el hielo más rápido que la luz puede propagarse a través de ese medio, producen un característico destello azulado conocido como radiación de Cherenkov. Los miles de fotomultiplicadores de IceCube registran el momento y la intensidad de esa luz, proporcionando los datos necesarios para reconstruir el suceso que la originó.


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