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martes, 27 de octubre de 2026

ASTRONOMÍA / UNA 'MEGATIERRA' RECIEN DESCUBIERTA

Es enorme, tiene una órbita muy extraña y desafía tanto las leyes de la física que no debería existir. Desconcierta a los astrónomos por su enorme densidad, sus 23 masas terrestres y una órbita casi polar  dificil de explicar con los modelos actuales...

Un extraño mundo rocoso acaba de obligar a los astrónomos a revisar una de las fronteras más incómodas de la formación planetaria.
GJ 523b, una nueva megatierra descubierta fuera del Sistema Solar, presenta una combinación de tamaño, densidad y trayectoria difícil de encajar en las categorías habituales de exoplanetas. El estudio liderado por Max Kroft y Thomas Beatty, de la Universidad de Wisconsin-Madison, sitúa este planeta entre un reducido grupo de objetos que parecen desafiar lo esperado para mundos con núcleos tan masivos. Su existencia resulta especialmente desconcertante porque, según los modelos manejados por los investigadores, un planeta de estas características debería haber evolucionado de otra manera.

La rareza aparece al comparar sus dimensiones con su masa. GJ 523b tiene un radio unas 2,5 veces superior al de la Tierra, pero concentra alrededor de 23 masas terrestres, una relación que lo convierte en aproximadamente un 50% más denso que nuestro planeta. La mayoría de los mundos conocidos situados entre la Tierra y Neptuno pertenecen a dos familias relativamente bien reconocibles: las supertierras, más pequeñas y compactas, y los subneptunos, cuyo mayor tamaño suele estar acompañado por una envoltura gaseosa que reduce notablemente su densidad. GJ 523b queda fuera de ambos grupos y entra en la mucho menos habitual categoría de las llamadas megatierras.

Ese exceso de densidad plantea un problema físico. Un núcleo con semejante masa debería ejercer suficiente gravedad para retener grandes cantidades de hidrógeno y terminar rodeado por una atmósfera extensa, algo que acercaría al planeta a la estructura de un subneptuno. GJ 523b, por el contrario, parece poseer poco gas. Tampoco resulta sencillo atribuir esa ausencia a un calentamiento extremo: completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17,8 días, pero GJ 523 es una estrella de tipo K y el planeta no experimenta las condiciones extremas asociadas a otros mundos capaces de perder sus envolturas. El sistema, además, tendría apenas unos 170 millones de años, poco tiempo para eliminar una atmósfera masiva.

La composición no es la única anomalía. GJ 523b describe una órbita prácticamente polar respecto a su estrella, en lugar de desplazarse aproximadamente sobre el mismo plano que el ecuador estelar, como ocurre con la inmensa mayoría de los planetas conocidos. Trayectorias tan inclinadas suelen relacionarse con perturbaciones gravitatorias provocadas por otro planeta de gran masa, pero hasta ahora no se ha identificado ningún compañero capaz de explicar ese comportamiento. El descubrimiento comenzó cuando el telescopio espacial TESS detectó descensos periódicos en el brillo de GJ 523 cada 17,8 días. Kroft realizó después observaciones para comprobar si la estrella también se desplazaba debido a la gravedad del planeta.


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